viernes, julio 03, 2009

Pongamos que hablo de Madrid cap. II

Después de comer, cometimos el primero de los grandes errores del viaje: seguir el plano para ver el templo de Debod. Eso es algo que nos hubiera llevado 15 o 20 minutos desde donde estábamos pero, como ya he dicho, yo seguía el plano. Últimamente he mejorado bastante mi orientación porque he descubierto el truco: soy muy buena “encontrando” lugares, siguiendo direcciones y memorizando cosas que hay que ver por el camino, pero soy pésima si pretendo ir calle por calle exactamente como marca el plano. Así que dimos todos los rodeos posibles y, después de casi una hora, llegamos al Maldito Templo (como será conocido ya para siempre). Cuando ya estábamos llegando, casi me parto una pierna con un pilón, pero no lloré, y seguí adelante (o arriba porque, encima, el Maldito Templo está en alto!!). Muy chulo. Pero para cuando llegamos, ya habían cerrado y no abrían hasta una hora y pico después así que… para abajo.

Tiramos hacia el hostal, discutí con mi prima porque quería ir en metro y yo le decía que teníamos que andar más bajo tierra que por la calle… y gané. Descansamos un rato y salimos otra vez a la calle.

Se empeñó en que la llevara a Tiffany’s. Seguramente lo hizo por agradarme, pero lo cierto es que ¿para qué iba a volver a Tiffany’s? Además, en diciembre no entré porque iba calada hasta los huesos y en sitios así no dejan entrar a gente que no es capaz de coger un paraguas un día que amanece completamente nublado y a sus dos compinches (Ludovica y Ginés), igual de mojados. Y ahora, francamente, una falda-pantalón tampoco me parecía lo mejor para llegar allí y decirle al que le hubiera tocado a suertes atenderme: “Deme lo más barato que tenga siempre que no pase de 60€”. Pero fuimos, seguimos las indicaciones de gente muy amable (en contra de la opinión de Ludovica acerca de los habitantes del barrio de Salamanca, que casi le sacan los dos ojos cuando fuimos en diciembre), y llegamos al escaparate.

jueves, julio 02, 2009

Pongamos que hablo de Madrid cap.I

Aprovecho que tengo un rato “libre” para contar el viaje, porque siempre digo que lo voy a hacer y al final nunca cuento nada, como en los programas de la tele.

Este viaje tenía cuatro objetivos muy sencillos: asistir a un espectáculo musical/teatro o incluso cine, ver la exposición de Sorolla en el Prado (el viaje empezó a tomar forma cuando la vi en las noticias), ir a una tienda de objetos de rodajes que hay en La Latina, y visitar a Débora. De los cuatro, adelanto desde ya que sólo conseguí una hora con Débora.

Llegamos a Madrid a las 10 de la mañana, tomamos el primer metro y llegamos al hostal, el mismo donde estuve en diciembre el último día que estuve allí con mi primo. Está realmente bien situado, justo enfrente del Caballero de Gracia, es decir, prácticamente enfrente del edificio de Telefónica. Cuando fui con mi primo el sitio me pareció estupendo pero ahora, con más perspectiva, tengo que decir que no sé si es el mejor al que podríamos ir, ya que hace esquina con la calle Montera, así que nuestras vecinas (muy simpáticas) se pasaban el día entero en la calle, no sé si me explico.

Total, que dejamos todo y nos fuimos a recorrer mundo. La primera parada, lógicamente, fue la Puerta del Sol. Una gran desilusión, por cierto, porque si ya de por sí sólo he conocido Madrid en obras, ahora con lo de la E está peor que nunca. Pero al menos entré por fin al edificio, para ver una exposición de fotos.

Seguimos por Arenal, y llegamos al Palacio de Oriente. Le dije a mi prima que quería entrar a ver una exposición (y el palacio, porque no he podido entrar ninguna vez), pero no le apetecía hacer cola, así que nos bajamos a los Jardines de Sabatini, donde disfrutó como una enana, porque le encantan los jardines y las fuentes.

Como la pobre Ludovica está trabajando al final de la Gran Vía, casi en la Plaza de España, y no se pudo venir de excursión, quedamos para comer con ella. Como se enfada mucho si llegas tarde, fuimos a asegurarnos de saber llegar al sitio donde habíamos quedado, y aprovechamos para ver a Don Quijote y Sancho Panza, que tampoco los había visto nunca. Encontramos el sitio y, como quedaban mil horas para comer, nos fuimos por la Gran Vía.

martes, junio 23, 2009

Me voy otra vez

Nenes, la menda se va a Madrid otra vez.
Resulta que cuando fui con mi primo, mi prima se quedó con las ganas, así que le dije que si lo aprobaba todo nos iríamos ella y yo solas. La verdad es que fue una promesa un poco tramposa por mi parte, ya que mi prima siempre saca sobresaliente en todo, así que me aseguraba un viaje.
Pero tranquilos, porque el viernes ya estaré de vuelta para contar la experiencia de dos días recorriendo Madrid a pie con mi prima de 13 años. Seguro que lo pasamos muy bien.

miércoles, junio 17, 2009

(Otra vez se me ha olvidado el título)

Siempre me he caracterizado por ser una auténtica bocazas pero, últimamente estoy cambiando mucho, y eso es una de las cosas que estoy perdiendo.
Ya digo, como era muy pero que muy bocazas, ahora sigo siéndolo un poco, pero la diferencia se nota.
Llevo varios días que mi boca permanece cerrada después de oír cosas rarísimas (¡si contara las barbaridades que me han dicho últimamente!). Debe ser por la falta de costumbre de hablar. Como apenas hablo a lo largo del día, ahora tardo más en contestar. O a lo mejor es sólo sensatez.

También ha mejorado mi capacidad de abstracción; ya no oigo los ruidos de la calle, ni de las obras, ni de las cuerdas de tender.
Y he conseguido apartar las cosas que me podrían hacer algún daño. ¿Que no me dan la beca?Es igual, era de esperar. ¿Que no tengo plaza para Manchester? Es igual, a lo mejor puedo ir a otro sitio. O pasarme esas tres semanas en la playa tirada en la cama oyendo al vecino de atrás cantar alguna canción de la que sólo se sepa cuatro palabras. ¿Que les digo a unas amigas que he avanzado con el DEA pero ellas siguen hablando de lo largo que llevo el pelo? Es igual, me lo voy a cortar un montón porque el pelo me importa un bledo. ¿Que hay 42º en la calle? Es igual, tampoco quería ir a ningún sitio. ¿Autoprotección? ¿Indiferencia? Espero que sea lo primero, porque la indiferencia no es buena. Nop, no lo es.

Es que ni siquiera estoy agobiada. ¿Para qué? ¿Acaso va a venir alguien a ayudarme? Además, tampoco me va tan mal. He empezado a escribir el DEA otra vez, y ya casi he cerrado la primera parte. Luego se lo mandaré a mi directora y me dirá que todo está mal. O no. A lo mejor da la potra de que está bien. Mmmm. Ojalá.

miércoles, junio 10, 2009

Ruido

Llevo más de una hora en pie y prácticamente no he podido hacer nada. Unos albañiles de cháchara en una de las casas del patio de luces, varias vecinas haciendo chirriar las cuerdas del tendedor, Adolfo y su madre discutiendo, una mañana más, porque él no quiere ir al colegio... por la parte de delante, otra manifestación (¿por qué aquí?), un hombre taladrando una acera, otro recogiendo trozos de acera con una pala, el de la sirena de la manifestación otra vez (como baje se va a comer el megáfono), uno que pita porque hay otro mal aparcado (llama a la grúa y no pites, que en ciudad está prohibido a no ser que haya peligro de accidente, y más en una calle donde hay un colegio y una biblioteca), alguien que se debe de estar dando cabezazos contra la pared, la de arriba arrastrando los muebles... y de un momento a otro empezará a tocar una flautista que tenemos en la otra escalera, que la pobre está estudiando y necesita practicar todos los mediodías y todas las tardes hasta las 8, que entonces le toca estudiar a su compañero de piso pianista.
¿Por qué no te pones tapones? me dijo Pedro el otro día. Me río yo de los tapones. Todavía no han inventado unos tapones para vivir en esta casa.

jueves, junio 04, 2009

Shock mental

Hace un año, cuando me animé a pedir una beca para hacer la tesis, fui perfectamente consciente de las pocas posibilidades que tenía que me la dieran, y decidí que si no me la daban no me iba a afectar. A primeros de año, cuando publicaron la lista de solicitudes en curso, me faltó dar volteretas hacia atrás, así que empezaba a ser obvio que me estaba ilusionando demasiado con algo que no era real. Hace unos días, después de más de siete meses esperando la resolución y en vista de los últimos acontecimientos, decidí que tenía que poner de una vez los pies en el suelo y regresar al mundo real, y que si no me daban la beca terminaría la tesina y lo dejaría todo. Cuando hace un rato he visto las listas provisionales, lo primero que he pensado ha sido: "Bueno, aquí acaba todo". Y luego me he dicho: "¡Pero si yo no quiero acabarlo!, ¡yo quiero seguir!". Y conforme pasaban los segundos he ido asimilando el gran tamaño del problema y he comprendido que podría pedirla 100 años consecutivos, y nunca me la darían.
Y desde entonces aquí estoy, llorando en la habitación, con un gran borrón en los últimos años. Y dentro de un rato tengo que salir y hacer como si no pasara nada y preparar la comida, y luego me iré a estudiar un examen de naturales con mi alumna, aunque todo se haya derrumbado bajo mis pies.
(Esto era hace media hora. Ya no siento nada, estoy en shock).

miércoles, junio 03, 2009

Al principio el camino

2.junio.09

Ya sé por qué dejé de utilizar el autobús. No fue el calor, el gentío, ni el hecho de que aquí apenas me hace falta teniendo coche. El autobús me dejaba demasiado tiempo para pensar. Primero en la parada, luego en los viajes interminables. En el coche ni siquiera escucho la radio; me limito a canturrear y a tratar de no provocar ni sufrir ningún accidente. Pero mi coche ha muerto. Su cuerpo todavía permanece con nosotros pero pronto nos dejará para siempre.
Así que hoy he tenido que coger el autobús hasta la universidad: diez minutos en la parada y 40 de viaje a la ida, 25 en la parada y 50 de viaje a la vuelta. Mucho tiempo. Y por si fuera poco, había llevado mala mañana y tenía muchas cosas en las que pensar. Sobre todo en dos: la tesis y la beca.


Y aquí termina la historia porque el resto de lo que escribí ayer es demasiado oscuro y pesimista, y me da mal fario. No nos adelantemos a los acontecimientos. Mastiquemos las cosas antes de digerirlas.

Fue ya por la tarde, en mi habitación, donde me acordé de algo que había escuchado mil veces: Si te pierdes, vuelve al principio. Y eso hice. Regresé al principio de los tiempos y encontré lo que necesitaba para continuar mi camino. Realmente, hay veces en las que para avanzar hay que retroceder.

Y sobre lo otro ya pensaré mañana.